- Quién no cantó las canciones de Leo Dan, por ejemplo “Cómo te extraño mi amor”, “Decí por qué no quieres”, tal vez “Te pido que me guíes”, “Celia” o quizá, “Estelita”, “Fanny”, “Mary Isabel”, “Desencadena mi corazón”, “Te he prometido”, “Normita”, y otros que han sido sus primeros éxitos del cantaautor nacido en Atamisqui Santiago del Estero Argentina el 22 de marzo de 1942. Leopoldo Dante Tévez, vivió enamorado de la vida y nunca no bajó la guardia para seguir escribiendo canciones sencillas, pero de profundo contenido romántico, deja este mundo el 1 de enero de 2025 a los 82 años, su muerte marcó un alto en la cultura de la música popular.
El hombre y artista, sencillo de corazón, siempre optimista y de una personalidad carismática, partió al mundo donde la música es eterna, donde la música es la vida misma, donde la música es la diosa indiscutible: del amor, de la unión familiar, de valores, de protesta contra la violencia, del llamado a la paz del mundo, del llamado a una profunda reflexión; pero se va y deja una estela vibrante y de hermosos colores, canciones románticas que muchas generaciones la han cantado, es seguro que muchas parejas recuerdan las canciones de Leo Dan que les enamoró y terminaron uniendo sus vidas.
“Esta mañana nuestro amado Leo Dan dejó su cuerpo en paz y junto al amor de su familia. Así, volvió a la luz pura de su Padre Celestial, para guiarnos y cuidarnos desde el infinito. (…) Invitamos a todos los que formaron parte de su historia y que fueron tocados por su legado, a celebrar su amor, su música y su vida”, expresaron sus allegados, acompañando el mensaje con un pasaje bíblico.
Ésta fue la noticia que recorrió el mundo de la información, provocando una hecatombe en los estudios informativos televisivos, radiales, RRSS y prensa escrita de todo el mundo: el Comercio del Perú, publica: “El mundo de la música está de luto tras el fallecimiento de Leo Dan, uno de los máximos exponentes de la música romántica en español…”.
El Sol de México, titula: “Cómo lo van a extrañar”, no podía ser de otra manera porque el cantante argentino, radicó en México en el que grabó alrededor de 30 discos, que fusionó su música romántica con el género de la música ranchera, “rompiendo paradigmas en una época cuando no existían las colaboraciones entre géneros musicales, un legado de su amor por México”, escribe el diario mexicano.
Fondo Negro, desea compartir una bella historia sobre la vida de Leo Dan, publicado por Clarin.com en el día del fallecimiento del canta autor argentino Leopoldo Dante Tévez, quien en sus últimos días radicó en Miami, tras vivir en España y México…
Clarin.com:
- Murió Leo Dan, un cantautor
- Inolvidable.
- El acoso de las fanáticas,
- la entrevista con un presidente
- y su devoción por Jesucristo
Tenía 82 años. Cautivó al gran público con canciones pegadizas como “Libre, solterito y sin nadie” o “Cómo te extraño mi amor”. El furor que causaba en los años ’60 hizo que tuviera que irse de recitales por los techos. Nacido en Santiago del Estero, vivió la mayor parte de su vida fuera de la Argentina y tuvo gran éxito en Latinoamérica, España y Estados Unidos.
- “Esta mañana, nuestro amado Leo Dan dejó su cuerpo en paz y junto al amor de su familia. Así, volvió a la luz pura de su padre celestial, para guiarnos y cuidarnos desde el infinito”, reza el comunicado que ayer informó sobre el fallecimiento de Leopoldo Dante Tevez. No se dijeron las causas, pero sufría un cuadro de hipertensión y diabetes. Sin embargo, Leo Dan no sabía cómo vivir, sin eso que hacía, desde antes de 1960: escribir, cantar esos versos, esperar el aplauso.
Tenía 82 años y llevaba uno retirado, tal como había anunciado en enero de 2024. Aunque el cierre de su carrera se hacía esperar: como parte de su gira despedida tenía pautadas presentaciones el próximo mes en Las Vegas y en Arizona. Y hace una semana, en una entrevista radial, había dicho que estaba en tratativas para concretar un último show en la Argentina.
Quien le había perdido el rastro a Dan, tendrá que saber que hasta el anuncio de retiro habitaba más los aeropuertos y las rutas que su mansión en la península de La Florida. “Cada dos o tres días, armó una maleta y con un poquito de melancolía dejó a la familia”, le contaba hace cinco años a Clarín. No se trataba de ambición económica. Es que no sabía cómo vivir sin eso que hacía desde antes de 1960: escribir, cantar esos versos, esperar el aplauso.
Pueriles, simples, directas, con la erre sonando encantadoramente distinta para los porteños, sus canciones son dignas de una lupa. Muchos de los temas que triunfaron se llaman como mujeres que pasaron fugazmente por su vida: Celia, Estelita, Fanny, Mary mi amor. Incluso seguía cantando Mariette, el más personal de sus hits, dedicado a su esposa.
Nieto de vascos, pariente lejano de los Machado vinculados a Antonio (el poeta), Leopoldo salió de Villa Atamisqui, una localidad de Santiago del Estero que hoy tiene tres mil habitantes. Ese puntito del mapa es donde se celebra la fiesta provincial de la Vidala y el Duelo del chamamé.
Creía que “ya habían nacido diez críos” antes de que él llegara al mundo. “Algunos de los hermanos se fueron muriendo al nacer”, explicaba. A sus 7 años, la familia emigró hacia Puerta de los Cerros. Sus padres vivían de la siembra “del zapallo, la cría de chanchos y cabras”.
Él tocaba armónica desde los 4 y guitarra desde los 6. A los 16 formó el grupo Los Troveros. Más tarde, Los Demonios del Ritmo. Enseguida se independizó. Shows en bares hasta la decisión de cortar el cordón. Se fue del pueblo con sueños de veterinario. “Por el bien de los animalitos, no me recibí”, se reía. “Me fui para Buenos Aires a golpear las puertas de la CBS, la discográfica. Me tomaron una prueba. A los 15 días yo ya era famoso”.
Así recordaba la hazaña de pasar de Atamisqui al estrellato: “Reinaba el Club del Clan, la discográfica buscaba muchachos y caí yo y no hubo tiempo de pensar nada. Me impulsaron. Me llevaron a un canal de televisión, por una actuación me pagaron 7.500 pesos; yo pagaba por semana 150 de hotel en Buenos Aires. Empecé a ganar tanto que me compré una casa entre Mataderos y Liniers y traje a Buenos Aires a mis padres y hermanos. Con el Rodrigazo perdí todo”.
Pero para comienzos de los ‘60, a caballo de melodías pegadizas como la de “Libre, solterito y sin nadie”, el boom era desesperante. Fue a cantar a Córdoba y, según las crónicas, tuvieron que aparecer los bomberos con sus mangueras para “controlar los desmanes y tranquilizar a las desquiciadas”. De los estadios en los que se presentaba solía escapar por los techos.
La señal Volver todavía emite las películas que tenían al changuito santiagueño como galán. “Santiago querido”, “La muchachada de a bordo” o “La novela de un joven pobre”, donde compartió set con la maternal Niní Marshall.
Para 1964, el mismísimo presidente Arturo Illia lo recibía en su despacho y lo apodaba “embajador joven de la República hacia el mundo”. En 1966 conoció a la Miss Mar del Plata Mariette Papolczy y “fue amor fulminante”.
Húngara, nacida en Budapest, a la preciosa muchachita la comparaban con Grace Kelly, princesa de Mónaco. “Yo no había tenido novias formales antes de mi mujer. Con ella me agarró un flechazo. Ella me fue a esperar con un ramo de flores y desde entonces no nos separamos. Una bendición del cielo”.
La boda, en La Feliz, fue tan fastuosa como mediática y caótica. Tumultos, avalancha a la salida de la capilla, fans con doble fractura de piernas. Tuvieron cuatro hijos. Nada quebró el vínculo.
Ni el experimento televisivo mexicano al que se sometió Dan en los ‘70: el besómetro. Las fans que lo querían podían estamparle muestras de su cariño en la boca. Un aparato medía la reacción química ante el contacto. Presión arterial y otros cuantos exámenes en vivo.
Más de 1.500 composiciones y unos 80 discos. Influencia notoria de Enrique Guzmán, Los Teen Tops, Paul Anka. Temas suyos fueron cantados por más de dos mil intérpretes, entre ellos Leonardo Favio. O por Ornela Vanoni en italiano. O traducidos al japonés por intérpretes de moda. Hasta en Turquía se basaron en esa misma canción que Néstor en bloque adornó para la movida tropical argenta, “Una calle nos separa”.
Café Tacuba desempolvó el viejo hit “Cómo te extraño mi amor” a fines de los ‘90. “Ganaron el Grammy, vendieron más de dos millones de discos… Estoy agradecido porque hicieron una buena versión. Santaolalla, que es admirador mío, hizo el arreglo”.
Entre todas sus canciones, esa era la que más quería. “Te he prometido, en cambio, yo no quería que fuera éxito. Y lo fue y me la siguen pidiendo”, decía cinco años atrás, el mismo año en que esa canción tuvo un regreso furioso gracias a la película Roma, ganadora del Oscar. “Hasta Harrison Ford pidió mis discos”, contaba orgulloso. Y aseguraba: “Mari es mi amor es la que el público más pide”.
En cierto momento, el tema central de las entrevistas que daba era su supuesto don de curar con las manos. “Es un don que Dios me ha dado, y la gente dice que se cura”, afirmaba. “Pero no me dedico a eso ni puedo andar diciendo ‘yo curo’. El que cura y sana es el Señor”.
Su fe religiosa se había despertado en plena crisis existencial: “Me quise retirar, pero Dios me habló. Y desde que conocí a Jesucristo, mi vida es más linda. Me dijo que era uno de los elegidos. Así que dejé de cantar para mí y empecé a cantar para él. La gente tiene miedo de emprender, no tienen en cuenta la regla: la fe es más poderosa que la ley. Imagínese si me hubiera quedado en el miedo y la duda. Nunca me hubiera ido de Atamisqui”.
En los ‘90, Leo coqueteó con la política. Intentó ser gobernador de Santiago del Estero por el justicialismo, se reunió varias veces con Carlos Menem y utilizó un viejo hit para la campaña: “Pídeme la luna”. Pero fracasó en el intento: algunos analistas sostuvieron que su acento mexicano lo había perjudicado.
“Hugo López, el mismo que se hizo famoso por la serie de Luis Miguel, me fue a buscar a España para hacer veinte fechas en México. Me quedé diez años: los mejores de mi vida. Me compenetré tanto con ese hablar, me resultaba tan simpático, que seguí hablando como mexicano. Su idiosincrasia es parecida a la del santiagueño, el salteño, el tucumano”, contaba.
Decía que jamás había olvidado a la Argentina, pero el regreso había dejado de ser una opción: llevaba casi 30 años en los Estados Unidos (“canto para esos latinos que allá en sus pagos no podían pagar la entrada y hoy llenan mis shows”). Estaba feliz con su vida.
“Soy muy familiero. Vivo bien, a metros del mar. Disfruto de mis tres nietos, Caterina, Alexandro y Aria. Hasta tengo un perrito, Blackie. Paso con ellos dos o tres días y ya levanto la ropa y me voy a cantar. Vivo componiendo, escucho chamamé, veo videos de shows del Chaqueño Palavecino, pongo a D’Arienzo. Eso sí, ya no tomo mate. Tengo todo un sistema para no extrañar nada de lo argentino. Creo que tengo de más. Que Dios me dio demasiado”.