- La literatura, el periodismo y la historia, necesariamente deben ser interesantes y educativos, al menos en tiempos de la Internet y las redes sociales. Se sugiere que los textos publicados deben estar salpicados de metáforas, de novelas históricas y de noticias, con un lenguaje de fácil lectura y comprensión, y no fría y dura que veces nos conduce por laberintos oscuros y depresivos; creo que Vicente Gonzales-Aramayo Zuleta ha logrado inyectar en sus obras literarias e icónicas ese enfoque interesante y educativo, que cuando uno lee amplifica la imaginación lectora, pareciera que se camina por senderos de un guion cinematográfico, eso es lo que me produjo cuando leí la obra “La llave de piedra”, segunda edición, entregada hace poco por los hijos y nietos del genial escritor ya fallecido en octubre de 2022.
¿Cuándo descubrimos para qué hemos nacido? ¿Qué misión tenemos en esta vida? Sin duda, el escritor-abogado–cineasta incluso periodista nato, descubrió, como dice su hijo Juan Diego Toño durante la presentación del libro (18/II/25), que a los 10 años vino a este mundo para usar las dos manos con cierta destreza porque no tenía vocación de usar los pies, vivió en Tupiza donde asistía a misa los domingos y escuchaba música que le abre la imaginación creativa no solo literaria sino el trabajo con imágenes, además de convertirse en un ávido lector.
“Ahí empezó la vida de mi padre, desarrolló 12 tomos de su diario en 80 años. En esos 12 tomos se encuentra prosa, verso, dibujo, proyectos y todo lo que ha desarrollado durante su vida, ahí está incluso las películas que ha realizado ya de mayor. Trabajó en historietas en un laboratorio y cuando conoce la fotografía, le cae como anillo al dedo, que fue un nexo para comprender que podía hacer cine”, narra.

Toño, refiere que, para explicar mejor la obra de su padre, habla de tres vertientes: la primera es la historieta que pasa por la fotografía, realiza 20 documentales entre ellos de los viajes que consuma, así también produce 5 largometrajes de ficción con guiones que él mismo escribe, para terminar en Cuba a donde llega gracias una beca y perfecciona el tema guion y dramaturgia, a su retorno a Bolivia escribe el libro titulado “guion cinematográfico” y dedicarse a la docencia universitaria.
La segunda vertiente, prosigue, habla de sus historietas para contar la historia misma a través de la literatura en la que produce 14 libros del género científico, ensayos de interpretación sociológica y otros, a cuyas obras se agrega 6 novelas, 3 editadas, una se encuentra incompleta y que nunca van a ser terminada y, 2 que se encuentran sin editar, además de 200 artículos publicados en diferentes medios local y nacional, y una centena de cuentos y poesía que le valen para pertenecer a Unión Nacional de Poetas y Escritores Oruro Bolivia.
Cuando habla de una tercera vertiente, Toño, hace referencia que su padre también fue escultor, así muestra la torre de la Compañía de Jesús de Potosí, trabajada a escala que se encuentra en el patio de su casa junto a sus obras pictóricas, ubicada en la avenida 6 de Agosto, igualmente, Vicente Gonzales, construye su propia ampliadora de fotografía para producir todas las carteleras de sus películas.
Aquí, el hijo agrega que, cuando dictaba clases de derecho penal y criminología, dibujaba un esqueleto completo, huesos que eran rellenados con tendones, venas, músculos hasta vestirlo con un traje y sombrero, “así desarrollaba sus clases en la Facultad de Derecho de la UTO”, recuerda, además, añade, que la genialidad de su padre se adelantó muchos años a la computadora, creando dibujos animados de 20 segundos con 900 imágenes de un torito que corría hasta convertirse en una llanta, también hizo bajo relieves e ilustraciones de obras de algunos autores.
Un fragmento que revela lo sucedido la noche del 10 de febrero de 1781
- El historiador orureño, Maurice Cazorla, relieva la personalidad de Vicente Gonzales-Aramayo Zuleta. “El Dr. Gonzales me recuerda a una película de su autoría, realizada con imágenes de Oruro en Cotochullpa, ojalá algún día se suba a los medios digitales y se pueda apreciar esta obra magnífica, posteriormente lo conocí a través de su obra ‘Memorias de un juez del menor’, cuyo contenido habla de la problemática del niño-niña-adolescente, si uno lee, hoy, sigue vigente no ha cambiado respecto a la resolución de estos conflictos de abandono, consumo de alcohol, incluso a la trata de personas”, dice.
Recuerda, que a Oruro se le ha concedido de escribir biografías colectivas para la Fundación del Banco Central y precisamente se elige al abogado Vicente Gonzales-Aramayo para su ingreso a estas biografías colectivas, señala que fue difícil porque se tenía que encerrar en un límite de páginas la trascendencia de la biografía del Dr. Gonzales, aunque se tenía su producción literaria, cinematográfica, artística, que muy pocas veces se ha valorado, ante todo fue su calidad de persona, que dejaba las puertas abiertas de su casa a la gente que deseaba visitarle para apreciar sus obras y escuchar música clásica.
Cazorla, pese a que expresa su disentimiento del desenlace de la obra, reconoce lo hermoso de apreciar la literatura, porque “peor es tener un libro y no leerlo, peor es tener un libro leerlo hasta la mitad y no saber de qué trata”, parafrasea el historiador, no sin antes afirmar que leyó todas las obras de Vicente Gonzales, pero, señala que “La llave de piedra”, tiene para él un valor importante, y recuerda que en 2019 el escritor llegó al hogar de Cazorla y le obsequió la 2da Edición, sin cambios en la trama pero que hizo un complemento en la parte final que fue de su agrado, además que la obra es llevada con toda veracidad histórica los hechos del 10 de febrero de 1781.
Tras este breve preámbulo, Cazorla pide a la audiencia compartir un pasaje (págs. 168, 169, 170) de los sucesos históricos de la novela en cuestión… Don Vicente escribe:

(…) Transcurrió otra noche en la que muchos se desvelaron, oraron, encendieron velas a la patrona Virgen de la Candelaria, y al señor de Burgos; rezaron porque San Silvestre Papa, que había aplacado el corazón del toro, del león y del faraón, ahora aplaque el corazón de los hombres impíos que iba a ocasionar un baño de sangre. Algunos vecinos no resistían la tentación de aguaitar levantando sus cortinas, pero se topaban sólo con la lobreguez de la noche; incluso los sujetos de los cotarros asomaban a las calles con timidez.
El día 10 de febrero amaneció agitado por vientos sureños. Gruesos nubarrones encapotaban el cielo dando un aspecto triste y desolado. Los vecinos de la Villa trataban de mantenerse encerrados en sus casas, levantando siempre las cortinas de sus ventanas para atisbar encontrando calles tristes, con ligeros vientos que levantaban polvareda. En las calles esa mañana no sucedía nada. La víspera, la gente que vigilaba la casa de Endeiza había pernoctado allí, a la intemperie. Los velones como sirios pálidos y lacrimosos se habían agotado dejando el resto de la noche en la nocturna tiniebla. Las cuatro bocacalles de la Plaza de Armas se hallaban reforzadas por las escuadras de militares profesionales.
Casi semejante al día anterior la calma en Oruro era tensa. Los negocios estaban cerrados y sólo vendedores de pan y queso podían verse en algunas esquinas; uno que otro negocio de tiendas servía desayuno.
Nadie se había acostado y tenían la mano sobre cualquier arma en ristre.
Urrutia, por su parte había dejado ciertas cosas bien amarradas, por ejemplo, la distribución de las compañías. Esta autoridad y todos sus allegados que habían buscado refugio lo habían hecho con la firme convicción de que el ingreso de los indios en la ciudad era inminente y, que la gente de Rodríguez iba a ser el detonante. Consideraban que ahora debían afrontar a dos adversarios al mismo tiempo, pero también subestimaban a Rodríguez. De ninguna manera ellos iban a creer que Rodríguez blandía buenas armas y hombres contra ellos, a los indios era a quienes temían. Sin embargo, cuando parecía que todo se había tranquilizado a la hora de las oraciones comenzó de nuevo el gran tumulto; la gente concentrada en el montículo de Conchupata fue aumentando de caudal cada vez más; llegaban de todo lado vertientes humanas a engrosar el apoyo a los patriotas, indios, mineros y gente del pueblo llegaban hasta allí con alguna arma. Cuando comenzaron a sonar los pututus ya hubo alarma; a eso se sumó el tañido de la campana de la Matriz. Comenzó a moverse la gente desde Conchupata. Todos gritaban: “a la plaza” … “a la casa de Endeiza” … “a la Plaza Mayor” … “abajo el gobierno de la Villa” … Urrutia y los alcaldes en un giro de audacia sorprendente salieron para negociar con los alzados que pedían “un buen gobierno”. Lo que extrañaba a Urrutia y a los demás españoles era el hecho de haberse asociado indios, mestizos y criollos en contra de ellos. No hubo acuerdo de ninguna clase, se separaron a tomar sus posesiones, con la decisión de que la lucha no iba a ser incruenta, que más bien se derramaría mucha sangre. Urrutia sintió entonces que había perdido todo el control en Oruro y desde el canchón que había detrás de la casa de Endeiza, donde éste criaba caballos de raza, partió en un coche acompañado de otros dos alcaldes a Cochabamba. Había visto que la causa estaba perdida, que por el momento ya no existía ninguna base de sustentación de su gobierno ni a su persona.
Desde Conchupata hasta la Plaza de Regocijo son como cuatrocientos metros y es allí a donde iba, para atacar concretamente la casa de Endeiza. La multitud iba vociferando; hasta los perros callejeros huyeron espantados. La guarnición que se encontraba en la esquina noreste quiso interceptar el paso disparando a la multitud, cayeron dos personas. En vista de estos dos muertos la turba se enardeció y redobló su furia y violencia, entonces la guardia de soldados formó la décima real, “diez fuego, cargaban los diez … diez fuego: disparaban los de atrás … diez … fuego, nuevamente los de adelante, cayeron cuatro civiles, pero la gran marejada de gente no retrocedió, se fue adelante y arrolló a los soldados. Todo estaba ya oscuro, serenos, faroleros y rondines ya no aparecieron y ni quien alumbre las calles (…).
Un fragmento de “La llave de piedra” de lo que sucedió la noche del 10 de febrero, comenta el historiador, “una magistral descripción en base a documentos que él mismo investigó en el Archivo del Tribunal de Justicia aquí en Oruro, y que también incluye cómo el pueblo de Oruro celebró la muerte de Tupaj Amaru un año después”, expone.
Agrega que el escritor y artista, no quiso escribir un libro de historia, sino ofrecer didácticamente una hermosa novela, una trama impresionante, un final de película, con personajes reales y que se acomodan a lo que sucedió en Oruro en 1781.

Una metáfora, un mensaje de desafío
- “La llave de piedra”, una novela histórica escrita con gestas de la historia de Oruro que habla de amoríos, de la vida social del siglo XVIII de españoles, criollos, mestizos, también de agravios y explotación a los nativos por los invasores españoles, convertidos en mineros en la extracción de la plata, que tras la revolución del 10 de febrero de 1781, la Villa de San Felipe de Austria, se convierte en un baño de sangre, saqueo, ejecuciones, incendios, invasión de indígenas al pueblo altiplánico de Oruro que pone en zozobra a los pocos habitantes que no logran huir durante la insurrección. Oruro es un lugar de difícil convivencia social.
Pero, en medio de esta vida de penetrante temor, la novela expresa que, entre sus personajes, desarrollan historias de amor en tiempos de lucha, que es como un bálsamo que hace más interesante la obra para un lector que desea llegar al final para conocer el desenlace de la historia de amor de los protagonistas, con un final abierto, pero sin perder el hilo de la historia de la revolución del 10 de febrero de 1781.
Vicente Gonzales-Aramayo Zuleta, qué plantea con el título de su obra “La llave de piedra”, ¿es una metáfora o un mensaje de desafío, o ambas? Si es una metáfora, la llave es la lucha por la independencia y, de piedra, una dura puerta, que expresa la inclemente represión, explotación, esclavismo, del nativo orureño, por lo que se deduce, que la revolución del 10 de febrero de 1781 no logra la independencia ni enciende la chispa de una gran revolución para lograr la liberación del yugo español, recién, dice el libro, 40 años después de la gran insurrección, Bolívar y Sucre logran abrir con la llave de piedra, la gran puerta de piedra.
Sin embargo, aún revolotean preguntas sobre la independencia social y económica de Bolivia, que este 2025 recuerda el bicentenario de esta emancipación. Al parecer el libro “La llave de piedra”, no ha terminado de abrir la puerta de piedra y por tanto se hace un tanto difícil conquistar una independencia total, ya que además los agravios denunciados en 1739 por Juan Vélez de Córdova en su Manifiesto, continua vigentes.
Perfil y estudios
- Vicente Gonzáles-Aramayo Zuleta nace en Oruro en 1934
- Realiza estudios primarios en Tupiza Potosí y Huanuni Oruro
- Estudia secundaria en el Colegio “Juan Misael Saracho” de Oruro y “Pichincha” de Potosí
- Se gradúa como abogado en la Universidad Técnica de Oruro
- Realiza estudios en España y Cuba
- Orienta sus actividades hacia las bellas artes, la literatura, historietas, cine, guion cinematográfico, documentales y ficción
- Se especializa en guion cinematográfico en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños de Cuba
- Contrae nupcias con Teresa Deheza, y tiene 5 hijos: Vicente, Antonio, Juan Diego, Carmen y Ernesto